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Una despensa que nunca caduca

El Mercado Nuestra Señora de África está de aniversario. La Recova, como así lo llaman los chicharreros en honor a la vieja construcción que albergaba esta actividad en el pasado, fue inaugurada en 1943 y sigue conservando su esencia después de sus 75 años de vida. Los productos locales y frescos continúan siendo la marca de la casa y son muchas las personas que cada día acuden a este espacio de la capital para comprar o para simplemente pasar un buen rato. Con el devenir del tiempo, ha sabido adaptarse y cubrir las necesidades cambiantes de sus clientes, y esa ha sido precisamente la fórmula secreta, según varios de los puesteros que trabajan en la instalación, para que esta despensa nunca caduque.

Este hito fue celebrado ayer por las centenares de personas que se acercaron al lugar, de más de 10.000 metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Cada uno de ellos degustó un buen trozo de la inmensa tarta que mostraba alguna de las imágenes de la historia de este recinto de estilo neocolonial. Entre los asistentes estaban diversos políticos en representación del Gobierno canario, el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz y el cantante Besay Pérez, del grupo Los Sabandeños, fue el encargado de abrir el acto con su voz, que puso los pelos de punta a los presentes.

El veinteañero recibió fuertes aplausos, pero el protagonismo se lo llevó sin duda Carmen Pérez, una de las veteranas de La Recova que ayer recibió un reconocimiento precisamente por pasar prácticamente toda su vida en el Mercado. Estaba pletórica, no solo por ser homenajeada sino también por el significado que tiene para ella este sitio.

Después de recibir la placa, la santacrucera explicó que a sus 14 años ya vendía su pescado allí y, aunque ya está jubilada, indicó que todavía continúa acudiendo a la instalación porque ha dejado su legado. Ahora es su hija la que se encarga de llevar el puesto familiar en La Recova. Después de presenciar el desarrollo que ha vivido el lugar durante más de seis décadas, la octogenaria no dudó a la hora de afirmar que el recinto pasa por uno de sus mejores momentos. “Ahora yo creo que viene hasta más gente que antes. Ha cambiado bastante, para mejor, y la gente no lo olvida”, destacó Carmen mientras su nieta le aguantaba el detalle que le dieron por su dedicación.

Los encargados de entregarle este reconocimiento fueron la presidenta de La Recova, Estefanía Hernández; el alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez; el presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo; y su homólogo en el Cabildo, Carlos Alonso (acompañados por una comitiva política mayor). “Y el obrero pasándolo mal”, dijo uno de los asistentes mientras ellos intervenían desde el escenario.

La representante de la cooperativa aprovechó su turno para mostrar su agradecimiento a todos los implicados que han hecho posible que este lugar siga vivo. Al cliente, “que sin él no somos nada, así que gracias por querernos y sernos tan fiel”; a las instituciones, “que siempre han tenido sus puertas abiertas”, aunque no pasó por alto que la instalación “se merece que sea accesible”; y a los medios de comunicación, que deben ser “los tutores” del Mercado para que “sea para lo que fue hecho”. También tuvo palabras para sus compañeros, el esfuerzo que hacen cada día los puesteros para sacar adelante la actividad y tener los más de 100 stands “brillantes”.

El alcalde de la capital chicharrera recordó que se trata de un día “muy especial” para este espacio que se ha convertido en un “símbolo” de la ciudad y “la despensa” de Santa Cruz. Bermúdez resaltó que los recoveros “han luchado” por sacar adelante sus negocios y que aún siguen prestando un servicio frente a una competencia “tan grande con un sello de calidad y con productos de la tierra”. Y no solo ha sobrevivido, sino que el Mercado “vive uno de sus mejores”, aseveró el regidor.

El presidente del Cabildo agradeció a Estefanía Hernández y a su equipo el trabajo que han realizado, “siempre al pie del cañón” para que el recinto “vaya evolucionando y tenga mucho futuro”, como a través de la próxima ampliación para que “siga siendo el corazón de Santa Cruz y llegue a los 150 años”, apuntó.

El mandatario en el Ejecutivo regional manifestó que se trata de un lugar singular al vender “cercanía y productos de la tierra”, una actividad que “genera empleo y es un ejemplo de éxito”. Fernando Clavijo también aprovechó su intervención para recordar que el Consejo de Gobierno llevará a su sesión de mañana la entrega de la Medalla de Oro de Canarias al Mercado.

Pero los verdaderos protagonistas de ayer eran los puesteros, tanto los que están como los que estuvieron a lo largo de esos 75 años de vida. Mientras se celebraba el aniversario, cada uno de los que hoy en día sacan adelante el trabajo vivieron una jornada más en este emblemático espacio, y la opinión de tenerife habló con cinco de ellos para conocer sus historias. Estas son:

El paso de tres generaciones.

Patricia Alberto González tiene 46 años y recuerda cómo a veces, cuando era niña, acudía hasta en pijama para ayudar a su familia en el stand, un puesto que ha pasado por la mano de un total de tres generaciones y que, según prevé, terminará cerrándose con ella. Siempre han vendido pescado y la primera que comenzó con esta tarea fue su abuela Agipina, una de las veteranas del lugar, ya fallecida. “Ahora mismo podría tener unos 90 y pico de años y estuvo aquí desde que se empezó”, explicó la chicharrera detrás de su mostrador de Los Alisios.

Ella conoce de primera mano los cambios que ha habido en este espacio y su percepción es que estos “no han sido para mejor”. “Antes, a las seis de la mañana, esto ya estaba lleno y estábamos casi solos por la zona, pero ahora hay muchas grandes superficies” que han hecho daño a los negocios, aunque al menos “da para vivir”, puntualizó. En su opinión, una de las acciones que hay que impulsar es atraer a la gente joven, ya que la mayoría de los clientes son personas mayores.

“Sobre todo, los padres jóvenes se dan cuenta de que necesitan cosas fresquitas y lo mejor es aquí, que puedes elegir y es más ameno”, señaló la chicharrera mientras saludaba a una de sus clientas habituales. “Tengo gente que viene siempre, o incluso personas que venían cuando estaban mis padres”, agregó.

Para ella, aparte de ofrecer alimentos locales de calidad, otro de los atractivos de la instalación es que es un sitio en el que los visitantes “se entretienen”. “Aquí hablan y en lo que van a comprar por los puestos pueden pasarse dos horas”, valoró de forma positiva Patricia.

El fruto de una “locura”.

Mari Luz Rodríguez trabaja en este espacio desde hace 27 años, “tirando por lo bajo”, porque no recuerda exactamente en qué año abrió su puesto de frutas Canteros de Anaga. Mientras descansaba ayer en un momento en el que no tenía clientes, afirmó que durante esas más de dos décadas ha habido cambios “en muchos sentidos”. Lo bueno, según dijo, es que el recinto neocolonial “está más bonito”. “No hay mercado como este en España. Es precioso y guarda su estructura, pero las grandes superficies están locas por este solar”, aseguró entre risas esta chicharrera de 64 años. La parte mala, prosiguió, es que las ventas “han bajado con la crisis”, aunque eso no ha hecho que desista y ponga fin a su negocio. Eso sí, está deseando cumplir en breve los 65 para jubilarse y “poder vivir la vida, que son dos días”, añadió de forma divertida.

Según comentó, ella era antes empleada de una tienda privada, pero llegó un día en que se cansó de “trabajar tanto” que se le “abrió la cabeza” y se dijo: “No trabajo más nunca para nadie”. Y ahí estaba ayer, después de hacer lo que ella dijo ser una “locura” apoyada por su hijo.

Tres décadas fugaces.

Juan Isidro Dorta lleva trabajando en la Pollería Hermanos Dorta desde hace tres décadas y es como si hubiera empezado ayer mismo. Es “increíble” lo rápido que se le ha pasado el tiempo a este icodense se, que cada día se levanta a las cinco y media de la mañana para acudir a su puesto, separado a escasos metros del que también tiene su hermano. Mientras atendía a una de sus clientas habituales, mencionó que después de todo este tiempo, si sigue ahí, es porque “ha valido la pena”, con sus épocas “de altos y bajos”. Dorta comentó que siempre ha conseguido mantener el negocio, aunque echa en falta que la gente conozca más el Mercado. “Muchas personas todavía no saben que está; es increíble”, declaró este hombre de 48 años mientras partía un poco de carne de pollo.

De vuelta al negocio.

Candelaria Fernández, de 63 años, estaba entretenida mientras ponía pan en una bolsa para una de sus clientas. Cuando terminó, y aprovechando el descanso, explicó que solo llevaba dos años en la Charcutería-Panadería Los Posada. Se trata del stand que lleva su hija, pero su historia en La Recova comienza mucho atrás. Realmente se pasó más de 20 años en este lugar vendiendo el mismo tipo de producto pero, tras su divorcio, dejó su negocio hasta ahora.

Durante este tiempo, declaró al igual que el resto de compañeros que la situación ha cambiado “mucho” y, cuando es preguntada si da lo suficiente como para vivir, puntualizó que la Seguridad Social “se lo lleva todo”. “Siempre estás con la lengua fuera, pero para lo que hay hoy en día, se hace el esfuerzo”. También es madrugadora, a las cinco y media de la mañana se levanta, para poder tener todo listo a la hora de la apertura. “En general se vende de todo: quesadillas, pasteles y suelas que hace mi hermano…”, manifestó mientras los señalaba.

Nuevas ilusiones.

Ángeles Herrera es de las recién llegadas y está muy animada con su negocio Mis Quesos. En un momento en el que no tenía clientes, detalló que tiene este puesto en el Mercado chicharrero desde hace cuatro años y que casi todos los días acude a trabajar en él desde Granadilla de Abona, una labor para la que cuenta con la ayuda de su hermana. Aparte de vender productos lácteos (ahumados, semicurados, yogures y mantequilla, entre otros), también se encarga del cuidado de 85 cabras en el municipio sureño para poder elaborar estos alimentos tan frescos.

Su jornada diaria es intensa, casi de 24 horas. “Me levanto a las cuatro de la mañana” para atender al ganado y para acudir al stand de Santa Cruz y, aunque es duro, la granadillera de 56 años subrayó que tiene depositadas “muchísimas ilusiones porque todo lo que tengo es mío”. Ahora, su nueva meta es poder tener su propia finca ya que actualmente tiene a sus cabras en un terreno de alquiler.


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