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cuando los videojuegos son polémicos

MADRIDActualizado:

La industria de los videojuegos mueve más de mil millones de euros anuales solo en España. Un mercado muy potente en donde la principal oferta de ocio de los ciudadanos tiene que ver con partidas, consolas, ordenadores y mandos. Considerado por muchos aficionados como una disciplina artística por la capacidad del medio para evocar emociones en muchas propuestas, la mercadotecnia más cerrada lucha por generar ingresos a costa de títulos de corte «mainstream» que abordan experiencias tradicionales, como los pertenecientes a los géneros deportivos o los «shooter».

En territorio nacional, se estima que existen unos 15 millones de españoles que juegan a videojuegos de manera habitual, según los datos de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI). Un público masivo que disfruta del amplio abanico de posibilidades que anualmente los desarrolladores producen. Jugarlos a todos es imposible. Nadie duda (o debería), en efecto, del potencial cultural y transmisor de emociones que brinda el medio interactivo. Pero a lo largo de la historia de esta joven industria se ha pretendido asociar su consumo con comportamientos violentos, sobre todo entre los jóvenes, algo de lo que no existen evidencias científicas. Es como decir que los corredores y amantes del «running» son potencialmente asesinos porque el perfil de algunos criminales recientes se calzaban las mallas y unas zapatillas deportivas.

Una falacia más que, sin embargo, ha mantenido el estigma. Pese a que existen propuestas que superan con creces los guiones de Hollywood y ofrecen sensaciones solo experimentadas desde este medio interactivo, se han dado casos en los que el planteamiento de juego ha causado cierta controversia. Uno relativamente reciente ha sido «Hatred», un videojuego que el jugador encarna a un genocida que se dedica a segar la vida de cualquier ciudadano a su paso. Violencia gratuita sin una historia o justificación que le acompañe. Salió a la venta en 2015 envuelto en una tremenda polémica, lo que obligó a Steam, la plataforma de distribución de videojuegos, a retirarlo temporalmente -luego se pudo comercializar-.

En su libro titulado «Moral Combat: Why the War on Violent Video Games Is Wrong» -Combate moral: por qué está equivocada la guerra contra los videojuegos violentos-, el psicólogo Patrick Markey aborda incluso las posibilidades de que este tipo de juegos reducen la violencia y son totalmente inofensivos para los niños y jóvenes, aunque insta a los padres a prestar atención y restringir a sus hijos los juegos que no están adaptados a su edad. Una etiqueta que, en Europa, viene calificado por PEGI que, al igual que series de televisión o películas, informa que puede contener violencia o lenguaje explícito.

Pero «Active Shooter» ha pasado por lo mismo, pero con un concepto de juego distinto pero que puede causar pavor por la banalización de unas tragedias a las que la sociedad de Estados Unidos, por desgracia, está acostumbrada y sensibilizada, la violencia infantil y los tiroteos en institutos. Algo que puede llegar a herir sensibilidades. Reivindicación, denuncia o polémica gratuita, esta propuesta ha tenido que retirarse de las tiendas online como Steam por el reguero de comentarios negativos de muchos usuarios. Aquí, el jugador puede elegir dos roles: el de agente SWAT (fuerzas especiales de seguridad de Estados Unidos) o el del propio tirador en una recreación en primera persona de masacres escolares. Una situación que también representó «V-Tech Rampage», en 2007, inspirado en la masacre de Virginia Tech, donde el autor asesinó con un rifle semiautomático a 32 personas.

«Kingdom Come Deliverance», que plantea la Bohemia de la Edad Media, tampoco se ha librado de las críticas al señalar al director creativo Daniel Vavra de ser homófobo y xenófobo por la escasa variedad de mujeres en el reparto del juego, que en ocasiones se les trata como objetos sexuales y cuentan con papeles secundarios sin relevancia. Cuando en 1999 apareció por primera vez un título de la saga Grand Theft Auto, uno de los videojuegos más exitosos del mundo, muchos detractores del ocio digital se quedaron con una idea, «un juego en donde se puede atropellar a viejas». Nada más lejos de la realidad. Estamos ante una serie no solo que ha generado una gran comunidad , sino que se centra en la más estricta diversión. Sin más pretensiones que la pura y dura diversión.

Desarrollado por la misma compañía que la serie GTA, «Bully», en 2006, puso el foco en un joven estudiante de 15 años que sufre «bullying» y que, en un momento dado, arremete contra sus compañeros. Políticamente incorrecto, «Muslim Massacre», en 2008, apostaba porque el personaje hiciera una «limpieza» en la comunidad musulmana, lo que levantó las críticas entre los musulmanes que pidieron, incluso, que se retirara.

Cuando se ha tratado de hacer juegos de simulación como en «JFK Reloaded», en 2004, también ha derivado en polémica. Su objetivo, recrear el asesinato del presidente de EE.UU. John Fitzgerald Kennedy y poner de relieve al acusado del magnicidio. La violencia de género también se ha tratado en este sector en ejemplos como «RapeLay», en 2006, en donde el personaje viola a tres mujeres Se le acusó de hacer discriminación hacia la mujer. Fue censurado en Japón, Australia o Reino Unido. Pero anteriormente a estos casos ya había en el mercado juegos ultraviolentos como «Doom». Ni que decir tiene del revuelo causado por el explícito «Mortal Kombat», que se censuró en algunos países. «Carmageddon» o «Call of Duty: Modern Warfare 2» -en donde durante una misión hay que eliminar a cinco terroristas rusos- han generado controversia a partes iguales.

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