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Nadia Calviño evita comprometerse con el objetivo de déficit de 2018 | Economía

Nuevas caras; viejas batallas. Nadia Calviño se ha estrenado esta semana en Luxemburgo en las reuniones de ministros de Economía de la eurozona (el Eurogrupo) y de la UE (Ecofin). Calviño deja buen sabor de boca por el firme compromiso europeísta de España y el mensaje de estabilidad presupuestaria, que combina con la necesidad de activar un crecimiento “inclusivo”. La clave para España es si conseguirá bajar del sacrosanto 3% del PIB en el déficit, con un presupuesto que incluye recortes de impuestos y subidas de pensiones, y con las últimas propuestas de algunos de los nuevos ministros, que pueden suponer más gasto público. Ante la prensa española, la ministra ha asegurado este viernes que el Gobierno “tiene la confianza absoluta de que el déficit bajará del 3% y España saldrá del brazo correctivo del Pacto de Estabilidad”. Solo hay un problema: el objetivo pactado con Bruselas es mucho más ambicioso, del 2,2% del PIB; son unos 9.000 millones de diferencia. Y ahí la ministra es menos tajante: es “absolutamente prematuro” aventurar si España cumplirá o no con esa cifra.

“Ni siquiera se ha adoptado formalmente el presupuesto, y el Ejecutivo está analizando cuál es la ejecución presupuestaria. Es normal que el Gobierno anuncie intenciones y propuestas, pero hay que fijarse en los hechos, no en los anuncios”, ha dicho sobre las primeras propuestas de algunos ministros. “No vamos a apresurarnos en la toma de decisiones hasta que tengamos claro cuál es el impacto económico de cada medida”, ha subrayado. Las fuentes consultadas en la UE consideran que la prioridad es que España baje del 3% del déficit: de esa manera no quedaría ningún país por encima de esa cifra.

De momento, Calviño da pocas pistas. No aclara si el Gobierno va a financiar las subidas de pensiones con la tasa digital que diseñaron entre los exministros Cristóbal Montoro y Román Escolano, o si va a decantarse finalmente por una propuesta anterior del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que abogaba por un impuesto a la banca. Se ha reunido ya con el comisario Pierre Moscovici, pero no dice una palabra sobre las exigencias de la Comisión de rebajar el déficit estructural (sin tener en cuenta el ciclo) un 0,65% en 2019; es decir, con medidas de ajuste por valor de 7.000 millones. “No hemos discutido los detalles, pero puede haber márgenes una vez salgamos del brazo correctivo del Pacto de Estabilidad”; es decir, cuando España baje del 3% del PIB en el déficit. El último pronóstico de Bruselas deja algunas dudas al respecto: las previsiones de primavera cifraban el déficit español en el 2,7% del PIB.

Dos puestas de largo contrapuestas

Calviño, avalada por un pedigrí ferozmente europeísta, se ha estrenado en Luxemburgo con el aplauso del resto de ministros de la eurozona y una puesta en escena que testigos presentes en la sala calificaron de “eléctrica” y “convincente”. Se estrenaba también el italiano Giovanni Tria, ministro de Finanzas de un Gobierno que sigue apareciendo en las pesadillas del establishment. Tria tuvo un debut menos sencillo. Observado con desconfianza por los compromisos de gasto de su Ejecutivo, reiteró el compromiso de su país de reducir la elevada deuda pública, en torno al 130% del PIB. Esa mención, sumada a sus promesas de que el país seguirá en el euro y cumplirá las metas de déficit impuestas por Bruselas, ha logrado contener —al menos por ahora— los fuegos que por momentos parecían prender en los mercados.

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